Experimentos de laboratorio convierten las emociones en cadenas de procesos bioquímicos que carecen de todo romanticismo.
FUENTE: NATURE. 2009 ENE;457
Neurotransmisores cerebrales, que se pueden sintetizar de forma artificial, y variantes genéticas están detrás de la capacidad de cariño, un sentimiento que compartimos con otros muchos animales.
Larry Young, del Centro de Investigaciones sobre Primates Yerkes, en Atlanta (EEUU), revela en 'Nature' los resultados de los últimos experimentos en la búsqueda de la preciada fórmula. Son trabajos de laboratorio en los que se diseccionan las emociones hasta convertirlas en cadenas de procesos bioquímicos que carecen de todo romanticismo.
«El análisis de estos mecanismos cerebrales ha ayudado a contar con terapias farmacológicas contra la ansiedad, las fobias o los desórdenes postraumáticos, pero ahora empiezan a verter luz sobre lo que es el amor», asegura Young.
Los investigadores han comprobado que la conexión entre una oveja y su cordero o un macaco y su cría es la misma que en los seres humanos: ya sean personas, ratas o ganado, una descarga de oxitocina favorece los comportamientos maternales, como es cuidar a los vástagos.
Pero esta oxitocina necesita de otro neurotransmisor: la dopamina, que es el de la recompensa y la motivación hacia un comportamiento. Por ello es la hormona que aumenta con la cocaína, la heroína o la nicotina y favorece la euforia y la adicción a un producto.
Young apunta que «quizás esta vinculación con la pareja tenga su origen en una conexión maternal subyacente en el cerebro y por ello los pechos son un estímulo erótico para los varones, del mismo modo que estimular la cerviz o los pezones durante el acto sexual dispara la oxitocina y consolida el lazo emocional en la parte femenina».
Se ha probado que una mutación en el gen AVPRI 1A, receptor de esta hormona, varía la calidad de las relaciones amorosas. El estudio demuestra que los hombres con una variante en ese gen tienen el doble de probabilidades de quedarse solteros y, si se casan, de tener pronto una crisis. Esto es así porque el AVPRI 1A, en ratones y en humanos, predice cuánta vasopresina expresará el cerebro.
Esta nueva visión del amor, como un cóctel de neurotransmisores y mutaciones genéticas, plantea la posibilidad de crear drogas eficaces que sean capaces de provocar sentimientos de amor o desamor, brebajes con base científica que desaten pasiones.
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