d) En el año 2004, Bengdt Wimbladt, otro investigador sueco que ha dedicado mucha energía al estudio de este tema, aporta una variación de los criterios elaborados por Ronald Petersen (figura 7); en virtud de ellos, la queja del paciente solo se considerará válida si la misma es corroborada por algún familiar o allegado al paciente; se requerirá, asimismo, algún cambio en la funcionalidad intelectual general del paciente, y en su capacidad para la realización de las actividades de la vida diaria, careciendo de importancia lo mínima que estas pudieren ser; la objetivación (por instrumentos neuropsicológicos) de falla en algún dominio cognitivo (no necesariamente mnésico); y, por supuesto, la ausencia de demencia, según el concepto clásico que todavía se tiene de la misma. Como se puede apreciar fácilmente, estos criterios, al miso tiempo amplían y restringen el campo dentro del cual se encuentran este tipo de pacientes.
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e) Promediando ya la primera década del segundo milenio, con la aparición de nuevos estudios, se confirma la carga anatomopatológica que tienen en su cerebro pacientes portadores de un TCL; también, surgen evidencias de pacientes con suficiente carga anatomopatológica, pero sin clínica evidente, hecho que podría explicarse por la acción de mecanismos cerebrales compensatorios (genéticos, educacionales, etc.), inexplicablemente poco abordados por la investigación básica hasta el momento actual; y surge también la evidencia de pacientes con clínica, y sin carga anatomopatológica suficiente, un hecho de explicación más oscura aun.
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g) 2) para un abordaje semejante, es necesario enfatizar el examen funcional del paciente, colocándolo en el mismo rango de importancia que al examen cognitivo, cosa que no siempre se cumple; para ello, es suficiente con utilizar, como cuestionario semiestructurado, efectuado al paciente -cuando se puede- y al familiar más cercano o cuidador –siempre- el Cinical Dementia Rating Scale (CDR) (Apéndice 1); ellos sugieren, también, como instrumento complementario, el cuestionario AD8 (figura 9), cuya lectura también recomendamos; el mismo puede ser administrado al paciente, al familiar o al cuidador; cada respuesta respondida afirmativamente debe puntuarse como 1; entre 0 y 2 el pacientes es considerado normal; a partir de 2 la probabilidad de daño cognitivo es crecientemente mayor.
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Respecto del CDR, es importante aclarar que el valor del mismo debe establecerse promediando la suma de casillas, y no por predominancia de ellas; es este un procedimiento que permitirá detectar escalas intermedias entre los valores clásicamente establecidos; valga un ejemplo: un paciente al que, por el otro procedimiento le hubiésemos asignado un valor 0.5, por este procedimiento podríamos asignarle un CDR entre 0 y 0.5 o entre 0.5 y 1, una diferencia mínima y sutil que, sin embargo, puede tener su significación; 3) otra ventaja de este procedimiento diagnóstico consiste en la posibilidad de prescindir de los datos edad, sexo y nivel de instrucción a la hora de tener que comparar rendimientos; 4) según esta mirada, un paciente puede presentar mínimas alteraciones funcionales, detectadas por él mismo o por sus familiares, a pesar de que su rendimiento cognitivo le permita seguir desempeñándose bien frente a instrumentos neuropsicológicos cuyos valores de normalidad fueron establecidos por comparación con grupos normatizados de sujetos de la misma edad, sexo y nivel de instrucción –como dijimos- supuestamente normales; 4) dichas alteraciones funcionales podrían estar causados por problemas mnésicos, por otros problemas cognitivos no mnésicos, o por problemas conductuales; 4) un paciente podría tener problemas cognitivos mínimos, sin repercusión funcional, lo cual podría alertarnos acerca de influencias ambientales negativas, o respuesta de estrés frente a la evaluación. Resumiendo: hasta aquí, hemos tratado de contestar la primera de las preguntas que formula el título de este artículo: hablando de TCL, ¿qué tratar? Por si no hubiese quedado suficientemente claro, ya que se trata de una entidad clínica cuya definición no termina de consolidarse y, además, es cambiante, pues sigue siendo objeto de investigación, expondremos a continuación a qué consideramos nosotros TCL, cuando nos encontramos trabajando en nuestros centros: consideramos nosotros TCL a todo paciente que presenta un cambio funcional, regresivo respecto de sí mismo, mejor si acompañado de trastorno cognitivo –aunque no excluyente- en cualquier dominio y objetivado por la evaluación, o cambio conductual significativo. Estamos convencidos de que este modo de abordaje, nos permite la detección de pacientes en riesgo de padecer demencia, un lapso antes que los que nos permiten los modos tradicionales de diagnóstico. |
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¿Cuándo y cómo tratar?
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Ello sería posible si contásemos con tratamientos antipatogénicos, o retardadores del curso evolutivo, de los que carecemos en la actualidad. Estudios que se han efectuado con vitamina E, asociada o no con Selegilina, no han sido lo suficientemente positivos, ni lo suficientemente negativos. Algo similar ocurrió con los antiinflamatorios no esteroides. |
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