sábado, 09 de mayo de 2009
A Rodolfo Llinás (Bogotá, 1934) le apodan en su país el 'cerebro colombiano'. La expresión le define doblemente, porque el doctor ha dedicado su vida a conocer esa red por medio de la que «vemos, entendemos y nos traducimos el mundo». Y su aportación le hace cargar con el título de 'padre de la neurociencia' allá donde va: la lista de sus reconocimiento internacionales es agotadora, incluso es candidato al Príncipe de Asturias. Llinás estuvo ayer en Santander para asegurar que todo lo relacionado con el movimiento y con las emociones está casi bajo control. Pero «queda por entender qué bases bioquímicas y biofísicas generan la subjetividad». Él espera llegar a ver resuelto el problema.
Al prestigioso Llinás le agrada el contacto directo con la gente. De ahí que el catedrático de la Universidad de Nueva York y asesor de la NASA aceptara la invitación de la Fundación Marcelino Botín a clausurar un ciclo sobre 'Conciencia y consciencia' en el que explicaría cómo nos arreglamos para percibir la realidad. Algo que se logra debido a que el cerebro ha ido adaptándose a las características de la tierra y sólo se fija en lo que necesita. «Si nuestro cerebro lo viera todo, sería imposible vivir», declaró.
La neurociencia está en un «momento precioso» justo ahora, porque se empieza a comprender de qué forma mejorar el estado neurobiológico y psiquiátrico de los seres humanos. El experto señaló, por ejemplo, que los mecanismos de enfermedades como el alzheimer (que tiene mucho que ver con el movimiento intracelular), están prácticamente en manos de los científicos. Es decir, se sabe dónde está el problema, lo que supone un primer paso. «Ya sabemos dónde está el tiburón, lo tenemos arrinconado», subrayó.
Mejora y desgaste
 
El investigador colombiano agregó que sus estudios le han enseñado que, con el paso del tiempo, el cerebro «mejora» y, al tiempo, «se desgasta». Desde la biología, se desarrolla hasta los 12 años, momento que en empieza su evolución cultural. El deterioro no llega hasta los 35 años, aunque proceso es lento y se puede convertir uno en octogenario sin que se manifiesten sus déficits.
Llinás también comentó que, pese a que el hombre se ha considerado siempre «el más bajos de los ángeles», en realidad sólo es «un grupo especial de animales. No es que vengamos de los monos. Somos monos», manifestó, tras evidenciar que los cerebros de todos los animales cuentan con el mismo tipo de celulas y son «casi exactamente iguales». Lo que diferencia, pues, al ser humano de los reptiles es que el primero tiene «el universo dentro de la cabeza, de forma virtual. Ocurre con los colores o el dolor, que no existen fuera del cerebro».
 

Tags: subjetividad, el reto, neurociencia

Publicado por Chema.Jena @ 21:45  | Psiquiatría
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