Resumen: En este trabajo trataremos de mostrar las relaciones entre sexualidad y erotización, al mismo tiempo que la situación del alter en la constitución del fantasma (phantasme).
La sexualidad infantil será construida en y por el fantasma - y no la inversa -. Así la sexualidad humana se separará de todo “objeto natural” o específico [clivage del pattern heredado (ADN) de la acción sexual finalizada], para, apresada en la red de la escena fantasmática, librarse a la intencionalidad. A partir de allí, se constituirá como sexualidad desfuncionalizada, disociada de la necesidad.
La sexualidad - la pasión - del adulto [históricamente determinada, androcéntrica] aportará los contenidos erotizados de la sexualidad infantil; a su vez, el núcleo inconsciente del fantasma (fantasía inconsciente) permanecerá activo en la vida adulta como una jurisdicción con sus propios fueros, imprimiendo su coloración particular a la sexualidad de cada uno. Y se insinuará furtivamente en las teorías generales sobre la vida y el cosmos.
En las altas montañas de Yongning, en China, viven los Na. «Hasta hoy, hombres y mujeres de esta etnia pueden tener libremente relaciones sexuales con muchas personas y cambiar de pareja a su guisa» (1). A propósito de la procreación, los lugareños cuentan: «Hace mucho tiempo, bastaba ir a lo alto de la montaña y abrir la vagina al viento, para que las mujeres quedaran embarazadas» (2). Los hombres pasan como el viento... y es siempre difícil seguir el rastro del pájaro en el cielo, de la serpiente sobre la roca y del hombre en la mujer.
Un paciente, primogénito, hijo de médico y médico a su vez, situaba entre los tres y los seis años, entre el nacimiento de un hermano y el de una hermana, el recuerdo [fantasma-teoría sexual] siguiente: en el momento del nacimiento – en esa época los partos se hacían en la casa – se encerraban en una habitación la partera, su padre (el médico) y su madre, llevando con ellos una gran jeringa (clister?). Condensación de la procreación y del parto, de la vagina y del ano, de la penetración y de la expulsión. Reconstrucción del primer parto de la madre (el primero después de él) a partir de la experiencia del segundo.
Bachelard, en Psicoanálisis del fuego, cita la teoría sexual científica del doctor Pierre-Jean Fabre [médico de Luis XIII] que creía que la simiente «es una y semejante en todas sus partes», pero que en la matriz se divide en dos: «Y es la parte de la simiente que se habrá retirado del lado derecho, que, siendo la parte del cuerpo más cálida y vigorosa, habrá conservado la fuerza, el vigor y el calor de la simiente que dará origen a un macho; y la otra parte, que se habrá retirado del lado izquierdo, la parte más fría del cuerpo humano, habrá recibido allí calidades frías, que habrán disminuido y debilitado el vigor de la simiente, y de allí saldrá la hembra, que, no obstante, en su origen, era varón» (3).
Un mito, un fantasma-teoría sexual, una teoría científica, tres maneras de conocer-explicar el mundo que anudan entre sí, tal vez, un lazo oculto en la dimensión constitutiva de lo mental. ¿En qué sentido podemos decir que esas tres formas del conocimiento son sexuales? ¿Lo son porque hablan de sexo, de penetración, de simiente? Es decir, ¿por su contenido semántico o proposicional? ¿O porqué detrás de ellas se esconde un deseo sexual infantil y reprimido, un fantasma erotizado?
En primer lugar, algunas palabras sobre el contenido proposicional. «Uno podría creer que todo el mundo está de acuerdo sobre el sentido de la palabra "sexual”. Ante todo, ¿lo sexual no es lo indecente, eso de lo que no se debe hablar?, se preguntaba Freud en 1916, pero hoy, al final del siglo, la sexualidad – o más bien el discurso sobre la sexualidad, la puesta en discurso del sexo –, se ha convertido en un lugar común, público y banal. Solo los márgenes – un cierto erotismo y la pornografía– siguen siendo "indecentes", aún cuando referirse a ellos no esté más prohibido. A pesar de ello, «el contenido de la noción de sexual no es fácil de definir»(4). La construcción de esta noción que liga la emoción, el deseo, el acoplamiento, el placer y la reproducción, así como el reconocimiento de la diferencia de sexos – de lo mismo y de lo diferente – acompaña sin duda a la humanidad desde la hominización y la fabricación de la herramienta, a través la construcción de un orden social y de un orden simbólico (alianza, prohibición, exogamia), hasta nuestros días.
La noción de sexual en sentido moderno es tributaria de la larga historia de su construcción, pero aún las palabras, a las que estamos tan habituados, que designan su contenido semántico son recientes. En la lengua francesa la palabra sexo es poco frecuente antes del siglo XVI; la etimología de la palabra latina, discutida, ha sido asociada a secare cortar, dividir. Sexus designa el hecho de ser macho o hembra y va siempre acompañado de los adjetivos virilis o muliebris. El adjetivo sexual es tomado tardíamente (1742) del bajo latin sexualis, de sexo femenino. El adjetivo califica corrientemente lo concerniente a las diferencias y a los comportamientos ligados al sexo (1789). Sexualidad designa en biología el carácter de lo que es sexuado (1838). La palabra tomó el sentido corriente de vida sexual a fines del siglo XIX : la sexualidad (5). Pero es durante el primer cuarto del siglo XX, con la difusión de la teoría psicoanalítica en las ciencias humanas y por consiguiente en la cultura general, que el concepto de sexualidad adquiere la extensión actual designando una serie de excitaciones y de actividades, presentes desde la infancia, que procuran un placer independientemente del ejercicio de una función biológica y que se encuentran, en tanto componentes, juntas o aisladas, en el comportamiento erótico, conciente o inconciente, llamado normal, de los seres humanos adultos.
Con este último párrafo no pretendemos dar una definición de la sexualidad, sino sólo un enfoque descriptivo de lo que la mayoría de nuestros contemporáneos instruidos entienden por sexual. Teniendo en cuenta que todas las tentativas de definición engendran dificultades (6), sin contar con la tendencia intrínseca a toda definición de ser un poco tautológica.
La construcción de la noción psicoanalítica de sexualidad, su extensión más allá del deseo sexual del adulto, de la excitación de los órganos genitales, y de los comportamientos ligados a la copulación y a la reproducción ha sido una empresa difícil, ardua, y fundamental para la comprensión del psiquismo humano.
¿Cómo identificar un deseo sexual, causalmente pertinente, en comportamientos tan alejados como el chupeteo del lactante, la ternura fraterna o amistosa, la obstinación del investigador o el placer sentido en la resolución de un problema matemático? Para llegar a la solución Freud analiza tres aspectos de la vida mental : I Las "aberraciones sexuales" que abren los Tres ensayos sobre la teoría sexual [1905] y que llevan a la conclusión siguiente : «se nos impuso la idea que la predisposición a las perversiones era la predisposición original y universal de la pulsión sexual humana, a partir de la cual se desarrollaba el comportamiento sexual normal» (7). II. La neurosis histérica : «Es precisamente gracias a la sintomatología de la histeria que hemos llegado a la concepción según la cual todos los órganos del cuerpo, además de su función normal, desempeñan también un rol sexual, erógeno, que se vuelve a veces dominante hasta el punto de trastornar el funcionamiento normal» (8). III. La sexualidad infantil : «El acto que consiste en chupar el seno materno se convierte en el punto de partida de toda la vida sexual (...) Es así como el seno materno forma el primer objeto del instinto sexual; y no sabría daros una idea lo suficientemente precisa de la importancia de este objeto en toda búsqueda ulterior de objetos sexuales, de la influencia profunda que él ejerce, en todas sus transformaciones y substituciones, hasta en los aspectos mas alejados de nuestra vida psíquica» (9).
Freud escribe en un texto de 1922 que «hubo que extender el concepto de sexual hasta englobar más allá que la tendencia a la unión de los dos sexos en el acto sexual o la provocación de sensaciones de placer determinadas a nivel de los órganos genitales» (10). Y agrega, algunas líneas después, que haber reconocido «el error de haber sobrestimado la seducción como fuente de las manifestaciones sexuales infantiles» le permitió ver «el rol extraordinariamente grande, en la vida psíquica de los neuróticos, de la actividad de la fantasía [la actividad fantasmática]» (11). (Hago notar que reconocer el error de haber sobrestimado el papel de la seducción no significa negar la existencia de la seducción; reconocer el error significa solamente subrayar la importancia del escenario fantasmático.)
Pero, para poder extender la noción de sexual, Freud debía vencer las dificultades intrínsecas a la «doctrina de las pulsiones» que lo obligaba a «buscar en lo biológico una apoyatura» (12) .
La elaboración del concepto de libido proporcionó el lazo necesario para unificar, – detrás de las formas dispares de los contenidos semánticos y de los afectos y comportamientos –, esta sexualidad desfuncionalizada (13) propia del hombre. Sin embargo, la noción de libido introduce un leve desfasaje entre el "ser" de la pulsión y "su" energía; la noción adquiere una cierta independencia semántica y es la libido la que mantiene la identidad o mas bien la ipseidad (14) de la pulsión sexual.
En la pluma de Freud la palabra libido es utilizada originariamente [en el Manuscrito E, sin fecha, pero situado en junio 1894] con el sentido de deseo o de afecto psíquico, dónde escribe : «una tensión sexual física, llevada más allá de un cierto grado suscita la libido psíquica, que prepara el coito» (15). Probablemente la caracterización más amplia de libido – y por consiguiente de la extensión de la sexualidad – la podemos leer en Psicología de masas y análisis del yo [1921] : «Libido es una expresión que proviene de la doctrina de la afectividad. Llamamos así a la energía, considerada como magnitud cuantitativa – aunque por el momento no mensurable –, de esas pulsiones que se relacionan con todo aquello susceptible de ser llamado amor». El nódulo es «el amor entre los sexos teniendo como fin la unión sexuada». Pero nosotros no separamos de él el amor de sí, «el amor por los padres y por el hijo, la amistad y el amor por los seres humanos en general, así como la devoción por objetos concretos o ideas abstractas» (16).(...)
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