DSCN5054 Las mejores pel?culas de los 80(II).El club de los poetas muertos - El Blog de "Dutton" Radiation
S?bado, 08 de agosto de 2009
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La primera vez que vi El club de los poetas muertos (1989) fue en clase de filosofía en BUP. Supongo que después nos tocó hacer un trabajo sobre el concepto del carpe diem y su relación con la felicidad que seguramente se lo copié a Raquel, y por eso no recuerdo haberlo hecho. Lo que sí recuerdo es, no sólo que ese era el tema principal de la película, sino que me caló tan hondo que todavía hoy considero que gran parte de mi filosofía de vida está basada en lo que aprendí de esta película.

Robin Willams (en su mejor papel, a años luz de cualquier otro que haya hecho…, bueno, quizá lo iguala el de Despertares (1990) ) es John Keating (un papel para el que también se postularon Liam Neeson y Dustin Hoffmann), un profesor de literatura que llega a una estricta escuela de niños pijos y revoluciona el gallinero. Sus clases siguen un método de enseñanza completamente distinto al que de una escuela cuyo lema es “Tradición, honor, disciplina y excelencia” se puede esperar, y aspira, no sólo a enseñar literatura a los jóvenes, sino a educarlos en una forma de pensar y una forma de vivir que les ha de hacer hombres libres. Claro, algunos de los alumnos se toman la lección demasiado a la brava y Keating tendrá que resolver unos cuantos problemas, aparte de enfrentarse con algunos de los padres, sus superiores y el resto del profesorado.

De los chavales, los dos más protagonistas han seguido haciendo carrera. La carrera de Ethan Hawke continuó lanzada después de ésta, e hizo Colmillo Blanco (1991), El país del agua (1992), ¡Viven! (1993), Reality Bites (1994), Gattacca (1997), Grandes esperanzas (1998), …, y hasta hoy no ha perdido el ritmo. Robert Sean Leonard, después de Rebeldes del swing, Mucho ruido y pocas nueces y La edad de la inocencia, las tres de 1993, no hizo nada interesante hasta que desde hace unos años es el querido Wilson del Dr. House. Leí una vez a alguien que decía que parece una ironía que este actor resurja con un papel de doctor oncólogo, cuando el papel que le dio a conocer en la peli que nos ocupa es la de un chaval al que su padre (Kurtwood Smith, el malo de Robocop (1987)) le obliga a estudiar medicina, y él no aguanta la presión porque lo que quiere es ser actor.

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Dirige Peter Weir, uno de los directores de Hollywood que, aun con su escasa producción (va al ritmo de una peli cada cinco años), puede ser considerado uno de los grandes, aunque sea por Único testigo (1985) y El Show de Truman (1998), donde curiosamente también consigue uno de los mejores papeles de un actor-payaso como Jim Carrey, en este caso.

El título de la película viene de las escapadas nocturnas que, inspirados por las enseñanzas del profesor, una parte de los chavales hacen por las noches a una cueva cercana a la escuela con el objeto de leer poesía, además de fumar y tocar el saxofón, pero claro, en un momento dado aparecen las chicas y los conflictos aparecen. Toda la película, sus frases, sus momentos, toda es maravillosa, pero hay pocas escenas en la historia del cine que me emocionen tanto como este final en el que en un acto de rebeldía varios de los alumnos se suben a las mesas de la clase para demostrar al profesor que han aprendido algo.

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¡Oh, Capitán, mi Capitán!


Publicado por jm-medina @ 22:02  | Arte
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Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 31 de marzo de 2012 | 20:15

Creo que además de la última frase ya mencionada de la película, la mejor para mí es:

                                              Coger las rosas mientras podaís

                                              veloz el tiempo vuela

                                              la misma flor que hoy admiraís

                                              mañana estará muerta.