DSCN5054 TRAS LAS HUELLAS DE UN PATÓLOGO.LA PSICOLOGÍA EN LA PATOLOGÍA - El Blog de "Dutton" Radiation
miércoles, 04 de noviembre de 2009


La Psicología en la Patología

La concepción darwiniana de la existencia es lo que condujo a Nóvoa Santos a investigar y abrir nuevos horizontes en la Patología. La revolución originada con la obra de Darwin y Russel significó un profundo cambio tanto en la ciencia biológica como en la filosofía; la psicología tampoco quedó anclada en la ortodoxia que había impuesto el estructuralismo wundtiano. Nóvoa no fue ajeno a la impronta que el evolucionismo marcó en la Psicología e incorpora ésta a la Patología. La Psicopatología General es con Nóvoa un capítulo más del Manual de Patología General.

En toda la obra de Nóvoa se refleja el pensamiento de un médico humanista, que trata de comprender y acercarse al hombre como persona, como individuo, desde la patología. Es “la patología de la persona” con que Ludolf von Krehl abre una nueva vía en su fisiología patológica y que Roberto Nóvoa Santos incorpora definitivamente a su Manual de Patología. Ya no son las células, ni los órganos, ni las funciones, las que se alteran y enferman: es la persona la que enferma.

Frente a una voluntad objetivista de la vida psíquica con su base en el reflejo, en línea con la psicología objetiva de Bechterev y Pavlov, e incluso Sechenov, Nóvoa no ve posible “encuadrar los fenómenos de pensamiento y de conciencia en el marco de las leyes físico-químicas”. La conciencia, que Nóvoa no puede encajar dentro de los límites objetivistas, queda incorporada a su Manual, sobre todo a partir de la segunda edición (1922), y es materia de otro de sus importantes trabajos ‘Physis y Psyquis’ (1922) del que publicará una segunda edición en 1930, con el título de ‘Cuerpo y Espíritu’.

La conciencia para Nóvoa pasa a ser un fenómeno parcial de la psiquis ligado a los procesos superiores y le asigna como función la relación del organismo con el ambiente que lo rodea. Pero para Nóvoa aún es algo más. Frente a W. James que la define como “la corriente que fluye”, para nuestro autor es “el cauce donde fluyen los contenidos”, y afirma que “es tan ajena al mundo externo como al propio cuerpo”, llegando a identificarla con lo “Absoluto” o lo “Impersonal”, “algo que no nos pertenece y que permaneces como espectador quieto y silencioso” ¿Es quizás el alma? En este debate Nóvoa trata de no dejar la conciencia fuera de la organización fisiológica asignándole una función adaptativa si bien “en el momento actual hablamos de fuerzas espirituales cuya procedencia y cauce desconocemos por ahora”.

El esfuerzo de Nóvoa por encontrar una explicación fisiológica a los fenómenos metapsíquicos o paranormales, incluso a las experiencias místicas de Santa Teresa, a la que hizo objeto de de un profundo estudio patográfico, da lugar a un flujo y reflujo entre lo físico y lo metafísico, lo psíquico y lo metapsíquico, la ciencia y la filosofía. El hecho importante es que entre sus dubitaciones y conjeturas, difunde y enseña desde un Manual de Patología General, tanto al estudiante de Medicina como al médico práctico, la importancia que tiene el conocimiento de la psicología normal y patológica para conocer y poder curar al hombre enfermo, treinta años antes de que la Psiquiatría fuese materia de la licenciatura de medicina.

El legado de Nóvoa Santos

En 1927, siendo catedrático en Santiago, consigue tras unas memorables oposiciones la Cátedra de Patología General de Madrid. Su prestigio y su compromiso político lo llevarán a ser elegido diputado en las Cortes Constituyentes de la segunda República. Pero lo suyo no era la política, eran sus lecciones, sus conferencias, sus trabajos clínicos. La fama y el renombre de Nóvoa van a difundirse más allá del Atlántico en las universidades del continente americano. Cuba, Argentina y Uruguay escuchan con entusiasmo sus lecciones y conferencias. Desgraciadamente ya no por mucho tiempo. Al regreso de Buenos Aires y a los pocos meses de una intervención paliativa, realizada por el doctor Gómez Ulla sobre el cáncer estenosante de píloro, ya muy metastatizado, que padecía, fallece en su casa de Santiago de Compostela.

Tenía 48 años. Sus discípulos, la escuela médica que había formado en Santiago y en el madrileño Hospital Clínico de San Carlos serán fieles testigos de su memoria. Los nombres de Outeiriño, Herranz, Mosquera, Pescador, los hermanos Jaso, Azcárraga, las hermanas Fernández de la Vega, Sánchez Guisande, Puente Veloso, Bermúdez, Carrasco, Alix y Vara, Villanueva, Culebras, Díaz Trigo, Pena Pérez, Carmena, y tantos otros cuyas huellas se han difuminando con el paso del tiempo, van a quedar siempre unidos al recuerdo del que fue su maestro.

Nóvoa estaba convencido, lo creía, que no todo desaparecía con la muerte, y hablaba de inmortalidad porque era consciente de esa suprema realidad del ciclo vital del hombre que es la muerte. El instinto de la muerte – a la que dedicó algunos ensayos – y que late en los místicos y en los sentimientos de morriña y saudade no tiene en Nóvoa esa visión de angustia y tragedia que manifiesta Unamuno, sino el de un merecido sosiego y descanso, sobre el que flota ese deseo de supervivencia que sin duda ha tenido Nóvoa Santos.

En la escalinata noble de la Facultad de Medicina de Santiago, en la calle de San Francisco, hoy puede contemplarse un busto en bronce, del célebre escultor gallego Asorey, a la memoria de quien fue, en palabras de Marañón, “el verbo más neto y más emotivo que escuchó la Universidad española”.

Tags: abrir nuevos, horizontes, en la patología

Publicado por jm-medina @ 23:15
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Comentarios
Publicado por Manuel Guisande
lunes, 14 de diciembre de 2009 | 2:50
Hola: llegue a te blog de caualidad. D, Roberto Novoa Santos trabajó con mi abuelo Luciano Sánchez Guidande y un hermnao de mi abuelo, Gumersindo, que era catedrático de Medicina en Zaragoca se tuvo que exiliar en Argentina y con un hermano, Wenecesalo, Gumersindo era el médico personal de Castelao, emabalsamó a Castelao. Un abrazo.