De buena ARTISTA a mala CANDIDATA
Entrevista anónima
—¿Por qué te llamás así?
—Lo de Nacha es un vicio de familia. En mi casa las tres mujeres tenemos sobrenombres con abundancia de ce-haches, vaya a saber por qué. Mamá, Clotilde como yo, se apoda Churucho; mi hermana mayor es Mochi, y se llama María del Carmen; yo, Nacha. Adopté el Guevara por un problema de identidad. Cosas que me vienen de la infancia: conflictos con mi viejo, que se fue cuando yo tenía seis meses y a quien conocí a los veinticinco años; problemas con, mi padrastro que se apellidaba Guerrero, bastante parecido, ya lo ves. Empecé a llamarme Nacha Guevara hace diez años, cuando el Che no era poster, claro.
—¿Quién te incentivó para que iniciaras esta carrera?
—Ah, yo estudié teatro: cuatro años con Juan Carlos Gené, un gran profesor, a quien admiro también como escritor. La formación que él proporciona es seria y sólida. Es como un esqueleto que te sirve para que bordes encima. Su técnica es sana y te resulta para toda la vida. Después, viene el talento personal. La falla que le encuentro a Gené es su temperamento reprimido; eso te jode en todos los órdenes: los alumnos también lo hemos experimentado. Alexia Prat Gay me enseñó a hablar: a mí no se me entendía nada. A cantar empecé mucho después; yo soy poco dotada para el canto aunque ahora no lo parezca; la profesora que elegí luego, Susana Naidich, consiguió maravillas con mi garganta. ¿Te acordás de la actriz Graciela Dufau? Era amiga mía y fue la primera en sugerirme que cantara, estudio que inicié años después. Como todas las cosas que emprendo.