Domingo, 14 de diciembre de 2008

Por su parte, la locura es un vocablo que no figura en ningún tratado de Psiquiatría desde hace tal vez más de cien años. El tema de la locura se ha escapado de la Psiquiatría hacia otros lares donde la enfocan como un personaje extravagante y pintoresco, como si fuera lo pintoresco insólito el emblema del loco. Presto a buscarle un sinónimo técnico incluido en el campo de la psiquiatría lo podríamos hallar en el enfermo psicótico. Yo mismo he afirmado alguna vez que el pueblo español en los albores del Renacimiento al haber apodado a Juana reina de Castilla como «Juana la Loca», lo hizo con el sorprendente propósito en aquel tiempo de no tildarla como endemoniada o posesa como hubiera ocurrido en cualquier otro país, ya que ninguno se encontraba tan alejado del sobrenaturalismo y la magia como el nuestro. Por todo ello, cualquier español de aquel tiempo no ofrecería mayor resistencia a que hoy habláramos de «Juana la Psicótica».

La esfera de las psicosis se monta sobre dos radicales antagónicos al pensamiento filosófico: el primero, la rotura con la realidad exterior; y el segundo, la privación de libertad autónoma. Bien se sabe que existen varias realidades, múltiples realidades que van desde el simbolismo universal hasta el estricto significado personal. Por ello debe especificarse que la realidad perdida por el loco/psicótico es la captada por la sensopercepción y la interpretación, o sea la plataforma inmediata que sirve a la Filosofía para remontar el vuelo cognitivo. Al tiempo el psicótico piensa y actúa despojado de libertad interior. Aunque lo más ostensible es su pérdida de libertad de acción, aquí merece la pena subrayarse la quiebra de la libertad del pensar por ser la herramienta básica de la Filosofía. Durante el tiempo decimonónico el título de librepensador era un diploma maligno convertido en arma arrojadiza contra el talento creador. Eran más o menos los tiempos en los que los grandes filósofos como Kant y Hegel tenían que moderar y ocultar su librepensamiento para poder continuar escribiendo y publicando. Resulta obvio que mientras la filosofía se construye sobre el librepensamiento, la locura se somete al cauce del determinismo delirante.

Existe una grave contraposición en las relaciones de la locura con la Filosofía según se plantee este relación en el campo terapéutico o en el campo metodológico, según veremos a continuación.

A despecho de disgustar a algunos filósofos con vena de terapeutas –por ejemplo, el autor del plan de sustituir el Prozac por Platón– no cabe sino advertir que el viaje de retorno de la locura a la salud mental no guarda relación inmediata con los sistemas filosóficos ni en su vehículo ni en su objetivo. El vehículo de la terapia psiquiátrica está integrado por un triple motor, demasiado telúrico para ser filosófico, a saber: la psicoterapia, los psicofármacos y la socioterapia. En cuanto al objetivo terapéutico pasa por la reintegración de la libertad y la realidad común, de suerte que el sujeto recupera estas facultades sin prescindir del crecimiento en los indicadores de salud mental, de los que son un excelente muestra la organización de la personalidad en torno a un proyecto, el papel familiar, la capacidad social y la calidad de vida objetiva y subjetiva


Tags: locura, vocablo, no figura, tratado, psiquiatría, personaje, extravagante

Publicado por jm-medina @ 15:16
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