Domingo, 14 de diciembre de 2008

Otra historia es la relación entre el propio filósofo y la locura. La salud mental de la amplia gama de talentos creativos, donde se encuentran posicionados una gran línea importante de filósofos, está asediada por riesgos contra la salud mental mucho más potentes que los que amenazan a los demás ciudadanos. Este asunto lo he tratado por extenso en mi libro El talento creador (Temas de Hoy, Ensayo, Madrid 1996), de donde transcribo unos párrafos del capítulo que se inicia en la página 255:

«La figura del genio loco o desequilibrado, tan realzada por la tradición como demostrada por la presencia en el mundo de un gran número de individuos eminentes o creativos psicópatas, neuróticos, depresivos, alcohólicos y esquizofrénicos, nos obliga a revisar el tema para escrutar en qué medida el trastorno mental puede activar o frenar la actividad creadora.
Ya Aristóteles (L'homme de génie et la mélancolie, Rivages, París 1988) había hecho dos observaciones concretas importantes sobre esta cuestión. Por una parte, había asumido la actitud valiente de presentar a sus propios maestros, Sócrates y Platón, como ejemplos del genio desequilibrado. Se basaba para ello no en la conocida homosexualidad de ambos, sino en la propensión de su personalidad al descontrol y a la inestabilidad. Además, se encargó de revelar la existencia de un escritor en Siracusa que sólo hacia poemas valiosos cuando mostraba signos inequívocos de alteración psíquica.
A partir de estas dos observaciones concretas, Aristóteles se preocupa por la salud mental del conjunto de los hombres sobresalientes con este interrogante: «¿por qué todos aquellos que han sido eminentes en la filosofía, la política, la poesía o las artes, son claramente temperamentos atrabiliarios, y algunos de ellos hasta tal punto que lIegaron a padecer enfermedades psíquicas producidas por la bilis negra (melancolia)?»
En su Metafísica Aristóteles, a la vez que concibe la creatividad como un proceso racional extraído de fuentes naturales, subraya la predisposición de los grandes artistas y poetas a la melancolía, con todo lo cual deja claro que no se inclina, como tantas veces se le ha atribuido, por la idea de admitir una asociación necesaria entre las altas formas de la creatividad y la locura. A partir de este primer jalón queda establecido que se pueden crear valores nuevos en el arte o en la ciencia sin ser un enfermo mental, pero que la mayor parte de los que los crean están inmersos en el desequilibrio.»

También versa este libro sobre el influjo ejercido sobre la creatividad y la sabiduría. Al igual que ocurre en otras modalidades creadoras, en el campo de la filosofía el impacto de la enfermedad mental sobre las operaciones del pensamiento se distribuyen entre la activación y la rotura o bloqueo. Si nos atenemos a la estricta locura o al trastorno psicótico, la conclusión es rotunda: el talento que primero se desorganiza es el filosófico, en tanto que el más resistente o compatible con la locura es el del poeta.

Hoy se dispone de suficiente documentación para señalar que la personalidad ciclotímica, el terreno predilecto del trastorno bipolar, acumula rasgos positivos para la creatividad filosófica y de otras modalidades, debido a acumular como un privilegio facultades como las siguientes: el instinto de búsqueda de nuevas ideas o experiencias, la firmeza para mantener posturas poco convencionales, el espíritu de riesgo para la lucha social y el debate del pensamiento, entre otros.

No puede cerrarse esta colección de sugerencias sin explicitar que también se establece un contacto entre la Filosofía y la locura en el drama del suicidio. Pero este contacto es más bien especulativo. Y es que la Filosofía de por sí no conduce jamás al suicidio. Falta por describir el primer suicidio de estirpe lógico-metafísica pura. Ni siquiera entre los nihilistas y los que consumen su vida predicando esta tendencia, de lo que nos vale como tipo de referencia Ciorán, el pensador existencialista que confesaba como su sempiterno fracaso el amanecer el día siguiente sin haberse suicidado. Ciertamente, el suicidio no constituye en ningún sentido un desenlace filosófico, observación naturalmente sujeta a una posible controversia. Si algunos filósofos, como Benjamin, han recurrido a este comportamiento autodestructor, ha sido bajo la presión de la locura melancólica, como ocurre en el 70% de la tasa de suicidios, de un modo especial entre los escritores.


Tags: locura, vocablo, no figura, tratado, psiquiatría, personaje, extravagante

Publicado por jm-medina @ 22:13
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Publicado por pelchi
Mi?rcoles, 16 de junio de 2010 | 17:19

Me encuentro con tu blog luego de buscar por la web informacion sobre la ciclotimia..., en este momento me encuentro yo mismo volcando mis propias experiencias con respecto a la filosofia, la creatividad , la locura y tantas otras cosas, en un blog... me sirve de gran ayuda encontrarme con un lugar como el tuyo. Gracias.

Pelchi.

ensayociclotimico.blogspot.com