Domingo, 08 de marzo de 2009

En el presente trabajo el Dr. Arturo Famulari realiza un particular enfoque de los trastornos cognitivos especialmente del deterioro cognitivo mínimo o leve, tratando de enfatizar cuando, como y que tratar.



¿Qué tratar?La situación clínica a la que hoy llamamos Trastorno Cognitivo Leve (TCL) ha pasado por una serie de otras denominaciones que se encuentran resumidas en la figura 1.


Independientemente de la consideración pronóstica que se pueda tener de ella (benigna o maligna), siempre se la entendió como una zona gris entre la normalidad y la patología (figura 2).


Se consideraban portadores de esta condición todos aquellos pacientes que presentaban un deterioro de su cognición, especialmente en el dominio mnésico, el cual no había afectado aun la capacidad autonómica del mismo; este último hecho marca una diferencia con el diagnóstico de demencia cuando, como se sabe, el paciente pierde, en algún grado, su capacidad funcional plena. La figura 3 muestra los criterios diagnósticos elaborados por Ronald Petersen en 1991, un autor que ha estudiado profundamente esta cuestión.


Algo que parece estar claro es que, a dos años de instalada esta condición, aproximadamente un tercio de los pacientes pueden mejorar, un tercio evoluciona hacia la demencia de tipo Alzheimer (DTA), y el otro tercio permanece en esa situación, más allá de lo que, terapéuticamente, se haga con ellos. De cara al tercer milenio, el desafío del médico
consiste en detectar cuál de los pacientes pertenece a cuál tercio.
Entre el tercio que puede mejorar, un gran número de ellos padece una depresión reactiva que, por su intensidad o cronicidad, se ha traducido ya en cambios neuroquímicos --responsables de las fallas cognitivas- los cuales son pasibles de tratamiento psicofarmacológico, psicoterapéutico o, mejor, si ambos.

 

Pero en Ciencia, la información, y el conocimiento, no siempre permanecen estables en el tiempo; y respecto de este tópico, los cambios ocurren en forma permanente. Veamos algunos de ellos, a nuestro juicio, los más importantes:
a) Ronald Petersen diseca aun más el concepto de TCL y establece una clasificación de ellos según subtipos y diferentes probabilidades de evolución (figura 4); así, solo el TCL amnésico, es decir, aquel en el que la falla es principalmente mnésica, tendría más chances de evolucionar hacia la DTA; el TCL a múltiples dominios, donde el dominio mnésico no es el único afectado, tendría más chances de evolucionar hacia la Demencia Vascular (DV) en primer lugar, y a la DTA en segundo; el TCL con afectación de un solo dominio diferente que la memoria tendría más chances de evolucionar hacia la Demencia Fronto Temporal (DFT) en primer lugar, y hacia la DV en segundo; y, finalmente, el más recientemente descripto, el TCL disejecutivo, que tendría más chances de evolucionar, primero a la DFT, luego a la DV y, finalmente, a la DTA. Entendidas las cosas así, nuestras praxias diagnósticas deberían modificarse en, al menos, dos puntos: a) ya no bastaría con formular el diagnóstico de TCL, sino que se haría necesario complementar con el aditamento del tipo de trastorno del cuál se trata; b) el componente amnésico comienza a perder protagonismo como dominio excluyente para el diagnóstico de TCL.
b) Entrado ya el segundo milenio, comienzan a aparecer estudios en la bibliografía internacional, de inmejorable calidad metodológica, que sugieren un continum anatomopatológico entre el TCL y la DTA ((NEUROLOGY: 2006; 66; 1837/1846).

c) Del mismo modo, la investigación básica va consolidando conocimiento en relación con la cascada fisiopatológica que subyace a la DTA en particular, y al síndrome demencial en general (figura 5).


Según ella, no sería única sino múltiple la ruta fisiopatogénica que conduce a al demencia; dichos mecanismos, diferentes, intervendrían en proporciones y momentos variables de la evolución, en función del fenotipo clínico en cuestión; además, los mecanismos degenerativo y vascular no serían excluyentes sino complementarios Annals of the New York Academy of Science: 2000; Volume 903; y, por último, esta cascada patológica, inaccesible desde la perspectiva clínica, solo accesible a través de marcadores biológicos actualmente en desarrollo pero no insuficientemente consolidados aun, comenzaría entre 5 y 15 años antes de la aparición de los síntomas, tanto de los predoctores como de los clásicos. Basándonos en estos conocimientos de la más última generación, el TCL no sería ya una zona gris entre la normalidad y la patología, como habíamos dicho previamente, sino una zona gris entre una etapa, muy precoz, silente e inaccesible, y una etapa clínicamente detectable (figura 6).


Tags: trastornos, cognitivos

Publicado por jm-medina @ 22:45  | Vida en la Tierra
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 02 de marzo de 2011 | 4:06

quisiera saver q diferencia hay con el mal de alzermer

Publicado por jm-medina
S?bado, 05 de marzo de 2011 | 15:58

Hola,yo creo que cada una de estas enfermedades,van por separado,ambas tienen demencia,pero el Alzheimer,podría ser más fuerte y más complicado de curar,cuando se produce...La demencia surge en la vejez, algunas veces pero es más llevadera,y no tan exagerada,el Alzheimer,es muy complicado,para los que cuidan a los enfermos y en la mayoría de los casos se interna al paciente,para el bien de todos.

Saludos

Juk