Viernes, 14 de agosto de 2009
Pascual_duarte1
Capítulo 1

Pascual Duarte escribe este libro en forma de diario o cartas estando en la cárcel, a la edad de 55 años. Comienza contando su vida en el pueblo en el que nació, a dos leguas de Almendralejo (Badajoz), en el seno de una familia campesina. Del pueblo recuerda gratamente la plaza, siempre soleada, y la cocina de su casa, pobre, pero espaciosa y blanqueada. A Pascual le gustaba la pesca de anguilas y la caza, para la que parecía estar dotado. Tenía una perra —Chispa— que lo acompañaba en sus salidas al campo. Un día, estando sentado en la piedra del cruce, como solía hacer al volver de la caza para fumarse un cigarro, Pascual observa los ojos del animal: tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces. Dominado por un sentimiento irracional, le dispara dos veces en la cabeza.

Capítulo 2

Hecha la presentación del primer capítulo, Pascual retrocede en el tiempo y recuerda su infancia. Sus padres eran ignorantes e insensibles. Su padre, Esteban Duarte Diniz, era un portugués tosco y rudo que se había dedicado al contrabando; Pascual le tenía más miedo que cariño. Su madre, cuyo nombre nunca menciona, era una mujer violenta, sucia, analfabeta, fría y egoísta.

El matrimonio se llevaba mal y los malos tratos eran continuos en la casa. El padre tenía interés en que el niño aprendiera algo, y Pascual fue a la escuela; pero la abandona a los doce años ante la insistencia de su madre, que consideraba inútiles los estudios y la desgana del niño por aprender; aunque ya sabía leer y dominaba las cuentas elementales.

Siendo Pascual de corta edad, nació su hermana Rosario, tras un parto largo y doloroso.

Capítulo 3

Rosario es una niña enfermiza. Esto agrava los problemas en la casa porque los padres se refugian aún más en el alcohol y las palizas vuelven con mayor virulencia. La niña se va reponiendo y sorprende con sus dotes de mando; sabe controlar la agresividad de sus padres. A la edad de catorce años roba a sus padres y se marcha a Trujillo para prostituirse. A los cinco meses vuelve a su casa aquejada de unas fiebres y permanece casi un año encamada. En esta época, ante la gravedad de la enfermedad de Rosario, se vivió cierta paz en el ambiente familiar. Rosario se repone, vuelve a robar a sus padres y se marcha, esta vez a Almendralejo. Allí conoce al Estirao, un chulo que vive de las mujeres. Pascual tuvo un encuentro con el Estirao; éste lo provocó; Pascual se contuvo y no respondió, acabó la conversación con un ¡Mira Estirao!... ¡Mira Estirao!... Esa reacción pacífica le va a pesar toda su vida: aquel día se me clavó una espina en un costado que todavía tengo clavada.

Capítulo 4

Los años pasaban sobre nosotros como sobre todo el mundo. Pasa el tiempo. Cuando Rosario tiene quince años la madre vuelve a quedarse embarazada. Pascual sospecha que su madre se acuesta con don Rafael. A los pocos días de nacer el niño, el padre de Pascual enferma de rabia. Tienen que encerrarlo en la cuadra y sufre una cruel agonía antes de morir. Mario —así se llama el nuevo hermano— nace con mala estrella: padece varias enfermedades dolorosas, es atacado por unos cerdos, no puede andar ni hablar y es maltratado por don Rafael, cuyas visitas a la casa son cada vez más frecuentes. Pascual observa con impotencia el triste destino de su hermano y siente lástima de él.

Capítulo 5

Pasado un tiempo, encuentran a Mario ahogado en una tinaja de aceite. La madre de Pascual no llora al verlo, y él empieza a odiarla por su dureza; hace tiempo que no la aprecia como madre, pero ahora, por su inhumanidad, la ve como una enemiga.

Observa con desprecio a don Rafael mientras se afana en construir el ataúd del hijo no reconocido, repitiendo constantemente angelitos al cielo. Pascual sabe que esas palabras tienen doble sentido y que se alegra de su muerte.

En el entierro de Mario, pobre y casi sin acompañamiento, encuentra a Lola, una antigua novia. Pascual tiene 28 ó 30 años, Lola 21 ó 22. Lola coquetea, Pascual es tímido y la rehúye; ella, desairada, le grita: ¡Eres como tu hermano! Ante esta provocación sí responde. Cuando él la tira al suelo y ella se siente forzada, rectifica sus palabras: ¡No eres como tu hermano…! ¡Eres un hombre…! Tienen su primer encuentro amoroso sobre la tumba de su hermano. Lola era virgen: media docena de amapolas para mi hermano muerto: seis gotas de sangre…

En este capítulo faltan dos notas del transcriptor.

Capítulo 6

Digresión narrativa.

Han pasado quince días desde que Pascual escribiera la carta anterior. No ha tenido tiempo de seguir porque lo han trasladado a otra cárcel y ha sido sometido a nuevos interrogatorios. Le gusta más el actual presidio; desde la ventana se ve un jardín y puede contemplar la sierra. Comenta al transcriptor que tiene que dejar de escribir, se siente triste y con ganas de llorar. Por la ventana ha visto pasar a una mujer y a un niño que le han recordado a Mario y a su madre.

Capítulo 7

Retoma la historia donde la había dejado en el capítulo quinto. Han pasado cinco meses desde el entierro de Mario. Pascual sigue viéndose con Lola y ésta le confiesa que está embarazada. Deciden casarse; a Pascual le hace ilusión criar y educar a ese hijo. Habla con el cura y fechan la boda.

Capítulo 8

Pascual y Lola se casan. Él duda varias veces antes de dar el paso, pero la campanada iba a ser muy gorda. Se van de viaje de novios a Mérida, donde pasa los tres días más felices de su vida. Se alojan en la posada del Mirlo, en un acogedor cuarto que Pascual siempre recordará. Tienen un incidente con los familiares de una vieja a la que atropellaron al llegar a la ciudad. Compran algunas cosas y se vuelven para el pueblo.

Al llegar, Pascual se va a la taberna de Martinete para celebrarlo con los amigos. Beben demasiado y Zacarías hace una broma, supuestamente sobre el encuentro que tuvieron Pascual y el Estirao, aunque no cita nombres. Pascual, muy susceptible a las provocaciones desde el encuentro con el Estirao, no está dispuesto a quedar otra vez por poco hombre. Reta a Zacarías y lo deja malherido con tres puñaladas.

Capítulo 9

Después del incidente de la taberna se va a su casa acompañado de algunos amigos. Cuando llega se encuentra en la puerta a la señora Engracia, la partera. Lola había abortado, la tiró la yegua al desmontar. Sin mediar palabra, Pascual se dirige a la cuadra y mata al animal de veinte puñaladas.

Capítulo 10

Al año siguiente, Lola vuelve a quedarse embarazada. Durante ese año Pascual se había quedado como anonadado y hundido en las más negras imaginaciones. Ahora, ante la nueva noticia, se vuelve hosco y malhumorado. Teme problemas, que no nazca el niño; entra en un estado de nerviosismo e inseguridad, y ansía que llegue el día del parto para conocerlo por fin.

Nace el niño, al que llaman como al padre. Lola y Pascual viven una época feliz; hacen proyectos para su hijo. Pascual se muestra protector, quiere proporcionarle la vida y el cariño que él nunca tuvo. El trauma de haber perdido un hijo los convierte en padres temerosos y aprensivos; quieren proteger al niño hasta de un simple resfriado. Pascual, además, piensa que a él no puede durarle mucho tanta felicidad.

Aquí falta un fragmento que evitó el transcriptor, como ya avisó al principio.

Pascualillo muere a los once meses de edad, de un mal aire.

Capítulo 11

Pascual se siente agobiado por las continuas quejas de su madre, su hermana y su mujer, que no dejan de recordar al niño muerto. Él también sufre, pero intenta superarlo, y ellas, abandonadas al dolor, no lo ayudan; ignoran todos sus conatos por recuperar la vida; recuerda en esta carta: las podría pintar como si ante mis ojos aún estuvieran, con su sonrisa amarga y ruin de hembras enfriadas, con su mirar perdido…

Capítulo 12

¡Eres como tu hermano! grita Lola a Pascual. Lo culpa de la muerte de sus dos hijos, débiles como él, que ni el andar de la caballería ni el mal aire en la noche supieron aguantar. En casa de Pascual se vive en un ambiente de tensión y frustración. Lola y la madre de Pascual parecen regocijarse haciéndole daño; sólo su hermana Rosario se compadece de él. En el corazón de Pascual sigue acrecentándose el odio hacia su madre. Un día se sorprende pensando cómo la mataría mientras duerme.

Capítulo 13

Digresión narrativa.

Ha pasado un mes desde la última carta. Pascual se ha dedicado a pensar durante este tiempo, y ha llegado a encontrar un estado de paz y tranquilidad como nunca antes tuvo. Llamó al capellán y se confesó. Ahora quiere retomar la narración: tiene prisa por acabar y reconoce que el tiempo que lleva escribiendo, cuatro meses, le ha supuesto un gran esfuerzo por ser ésta una actividad inusual para él. Escribir lo está ayudando a descargar su conciencia. Vuelve a mostrar arrepentimiento y reflexiona sobre lo distinta que habría sido su vida si las circunstancias también hubieran sido otras.

Capítulo 14

Pascual retoma el relato. Después de aquel mal pensamiento de asesinar a su madre, y por alejarse de la que se lo provocaba, decide irse del pueblo a escondidas. Llega hasta San Benito donde coge un tren para Madrid. La primera noche en la capital la pasa durmiendo en un banco. Al amanecer busca alojamiento. Conoce a un grupo de obreros entre los que se encuentra Ángel Estévez, que le ofrece el alquiler de una habitación en su casa y dos comidas diarias por diez reales. Pascual acepta. Se instala en una buhardilla y pasa unos días entretenido, jugando a las siete y media con el matrimonio, todos los días hasta entrada la madrugada; dando paseos por el Retiro, visitando los cafés de la ciudad…

Pasados quince días decide irse a la Coruña para embarcar a América. Cuando llega a la ciudad comprueba que no tiene suficiente dinero para el pasaje. No quiere volver al pueblo y se pone a trabajar en lo que le sale: de sereno, en la cocina de un hotel, cargando maletas… Pero cuando pasan dos años siente morriña. Pide dinero prestado para el billete de vuelta e, ilusionado por que el tiempo todo lo hubiera cambiado, emprende el regreso.

Capítulo 15

Ha vuelto. Nada nos cuenta del recibimiento. A los siete días de su llegada, Lola le dice que está embarazada, se niega a darle el nombre del padre. Pascual le sugiere que aborte, pero ella rechaza la propuesta. Por estos días la madre de Pascual parece temerosa de su hijo y lo esquiva. Pascual termina aceptando la situación, aun a sabiendas de los comentarios que se desatarán en el pueblo, pero insiste en saber el nombre del padre, y Lola acaba por revelárselo; es el Estirao. Tras confesar, Lola muere de forma repentina.

Capítulo 16

Pascual decide ir en busca del Estirao para vengarse de todas las deshonras que le ha causado: primero su hermana, luego su mujer… El Estirao ha huido y, en su búsqueda, Pascual reencuentra a su hermana Rosario que sigue en la prostitución, está envejecida y triste. Se marcha al pueblo con su hermano. Vive otra temporada de calma. Lola lo cuida, hasta lo mima, y administra bien la casa.

Un día vuelve el Estirao al pueblo para llevarse a Rosario. Pascual lo espera en la casa e intenta impedirlo; el chulo insiste y Pascual le rompe una silla en la espalda. No quiere matarlo, sólo darle un escarmiento. El Estirao, como en el primer encuentro que tuvieron, vuelve a tocarle su punto débil, su poca hombría; y Pascual termina por partirle el cuello.

Capítulo 17

Por la muerte del Estirao estuvo tres años preso en la cárcel de Chinchilla (Albacete). Pascual se queja de que su buen comportamiento le redujera la condena porque la libertad lo exponía de nuevo a los peligros de la vida. Intenta animarse pensando en su pueblo, en el gozo con el que lo recibiría su hermana, confiando en que su madre hubiera suavizado el carácter con el paso de los años… Por primera vez utiliza la palabra familia.

Se despide del director del centro, don Conrado. Se intercala la aparición del “Pascual narrador” que nos anticipa su vuelta a la cárcel con el comentario de que dentro de tres años y medio volverá a ver a don Conrado.

Al llegar al pueblo encuentra el andén vacío, nadie sabe de su regreso. Ni siquiera el señor Gregorio, jefe de estación, le hace caso; y Pascual, abatido, siente deseos de llorar. Cabizbajo, se encamina a su casa. Pasa junto al cementerio y piensa en los seres queridos y enemigos allí enterrados, todos víctimas de sí mismos: el cementerio donde descansaba mi padre de su furia; Mario de su inocencia; mi mujer, su abandono, y el Estirao, su mucha chulería.

Se siente alentado por empezar una nueva vida, al lado de su hermana, con su calor, con la única persona que no lo había maltratado a lo largo de su vida. Cuando llega, su madre, después de tres años sin verlo, lo recibe con un frío ¿Qué quieres? Lo pone al tanto de la situación: Rosario se ha ido a Almendralejo y está liada con el señorito Sebastián. Pascual se hunde, hubiera preferido seguir en la cárcel.

Capítulo 18

Rosario vuelve al pueblo para ver a Pascual. Ambos están un poco distantes pero se expresan su cariño. Rosario le ha buscado una novia a su hermano, Esperanza, la sobrina de la señora Engracia. En el primer encuentro Esperanza le confiesa que siempre había estado enamorada de él. Se besan, es un beso cálido y tierno. La sensación, para Pascual, es totalmente distinta a la de aquel encuentro salvaje con Lola: la besé ardientemente, intensamente, con un cariño y con un respeto como jamás usé con mujer alguna, y tan largo, tan largo, que cuando aparté la boca el cariño más fiel había aparecido en mí.

Capítulo 19

Pascual y Esperanza llevan dos meses casados. Esperanza se queja de la madre de Pascual, y éste observa que su comportamiento es malintencionado y que crea problemas en el matrimonio. Cada vez está más envenenado por el odio que siente hacia ella. De nuevo aparece el deseo de matarla, y esta vez se va apoderando de su ánimo hasta impedirle vivir en paz.

Planea su muerte, está decidido: o la mata o se suicida. Será el viernes de un diez de febrero de 1922. Llegada esa noche, con el cuchillo en la mano ante la cama de su madre, vacila; le falta valor; da media vuelta para marcharse, la madre se despierta, y en ese momento se envalentona y se lanza sobre ella. Mantienen una larga lucha en la que su madre le arranca un pezón de un bocado, se defiende con fuerza; y, por fin, Pascual le clava el cuchillo en la garganta. Sale corriendo y huye al campo, siente alivio; por fin podía respirar...


Tags: pascual duarte, camilo josé cela

Publicado por jm-medina @ 23:49  | Arte
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