Jueves, 29 de octubre de 2009

"Anotaciones históricas sobre la contracepción"


La manifestación escrita más antigua sobre un método de contracepción procede ni más ni menos que del Génesis (38: 8-10) y hace referencia al mandato que recibió Onán de procrear en su cuñada viuda, para asegurar de esta forma la sucesión de la tribu, mandato que él desobedeció al practicar con ella el método anticonceptivo más espontáneo y antiguo que existe, el coitus interruptus:

"…pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba en la mujer de su hermano se derramaba en tierra. Por lo cual el Señor le hirió de muerte por acción tan detestable". Lo que no deja de tener tintes curiosamente cómicos es que el patronímico de Onán, que protagonizó, como queda dicho, el más famoso "coitus interruptus" bíblico, al beneficiarse por mandato paterno de su cuñada, ha sido utilizado a lo largo de la Historia para furtivamente denominar al onanismo, práctica sexual que nada tiene que ver, como es sabido, con la que, según el Génesis, practicaba Onán.

En los papiros de Kakun (1850 a.C.) y de Ebers (1550 a.C.) se mencionan algunos procedimientos anticonceptivos. Todos ellos consisten en sustancias que introducidas en la vagina de las bellas egipcias intentaban lograr el efecto deseado, bien por sí mismas, como es el caso de la miel, que actuaba como contraceptivo de barrera al impedir el avance de los aventureros espermatozoides, o la col, brea, pulpa de dátiles; bien por verdadero efecto espermicida, cuando la espiga de acacia al fermentar con la miel forma ácido láctico, ácido que está presente en algunos anticonceptivos actuales.

Tampoco faltaba la colaboración de prácticas ahuyentadoras de los malos espíritus, cuyo papel en la reproducción de la especie humana no nos relata ninguno de aquellos papiros. Entre estas prácticas espantadoras de demonios hay una, ciertamente eficaz, no tanto por su poder ahuyentador como por su efecto antilibidinoso y por tanto disuasorio de todo cortejo sexual. Cuéntase que aquellas jóvenes y resignadas mujeres introducían por vía vaginal excremento de cocodrilo, material muy acreditado por aquel entonces como anticonceptivo.

Pero no satisfechas las egipcias con aquellas, en ocasiones, escatológicas experiencias que siempre impedían o alteraban el feliz ayuntamiento, y necesitando un procedimiento anticonceptivo eficaz y bien aceptado, pronto inventóse el que, andando lo tiempos, sería el más famoso y utilizado método: el preservativo. Y no teniendo mejor material a mano, los egipcios lo elaboraban con tripas de carnero. No se tiene noticia alguna de la aceptación del método por parte de aquellos jóvenes que, por otra parte, estaban obligados a colocarse aquel ovino artilugio cuando acudían a los burdeles, que en aquellas témporas no contaban con las actuales connotaciones sociales, sino todo lo contrario, ya que eran instituciones legales, bien normalizadas y reglamentadas, verdaderas escuelas de aprendizaje y de educación sexual. Tampoco fueron excesivamente originales los médicos del rey Minos al recomendarle usar un preservativo fabricado con vejiga de cabra. Además de no ser nada originales, tamaña recomendación preventiva llegó algo tarde, pues Minos, el soberano de Cnosos ya había contraído una enfermedad venérea, lo que no le impidió tras su muerte alcanzar insospechada fama en el más allá al convertirse en uno de los míticos jueces de los muertos.

Mesopotamia, China y Roma

En Mesopotamia algunas prácticas sexuales poseían, como en otras civilizaciones, un carácter netamente religioso, como sucedía con las vírgenes adolescentes, que necesaria y obligatoriamente tenían que dejar de serlo en el propio templo al ser elegidas por un forastero. A las mustarrestus, sacerdotisas esterilizadas, las preparaban para evitar el embarazo, aplicándolas óvulos anticonceptivos a base de miel, semillas ácidas de celidonia o resina de abetos. Nada originales, pues, resultaban los procedimientos de estas piadosas celestinas en lo que respecta a aportar novedad en cuanto a prácticas anticonceptivas.
Sin embargo, en la legendaria China las cosas ocurrían de forma diferente. A pesar de que las noticias que llegaban de otras culturas daban prioridad a estos repulsivos métodos de barrera para controlar la natalidad, los chinos, mucho más prácticos, adelantándose a sus orientales tiempos, idearon un procedimiento contraceptivo por vía oral. Desconociendo entonces la existencia de las hormonas que regulan los aconteceres biológicos cíclicos en la mujer, y no teniendo mejor base científica que sus propias creencias, propusieron a las casadas que quisieran limitar su descendencia, la ingestión de veinticuatro renacuajos vivos al principio de la primavera, método, que por tener efecto muy retardado, de muy lenta liberación debía ser repetido cada cinco años.

También fue una de las preocupaciones en la antigua Roma encontrar un sistema seguro que evitase las gestaciones no deseadas sin interferir en la placidez que suele acompañar a la actividad sexual. Allí en Roma, alcanzó, como se sabe, gran importancia el culto al placer y al cuerpo humano, donde hubo un tiempo en que centuriones, pretorianos y vicecónsules se mezclaban y embarullaban con orondas matronas, arrabaleras madonas y escuchimizadas vírgenes en disarmónica proximidad, animados quizás por la melodía lánguida y lasciva que surgía de las pasionales liras romanas.

Alguien pues tenía que prevenir las posibles consecuencias no deseadas de tamaña cercanía, y fue Sorano de Efeso a quien correspondió históricamente tan singular responsabilidad, convirtiéndose en el primer planificador familiar que conocemos, o uno de los primeros. Sorano de Efeso, ginecólogo griego emigrado a Roma, recomendaba a las damas del Imperio, con objeto de expulsar espermatozoides de sus romanas vaginas, que después del coito tosieran repetidamente con vigor, saltaran con vitalidad y estornudaran con sonoridad. Nadie pudo saber si algún espermatozoide, agitado hasta enloquecer con estos aberrantes movimientos, abandonó su recién estrenado hábitat, pero sí es bien seguro que las romanas maldijeron al ginecólogo por impedirles gozar de la relajación que sigue habitualmente a la placidez sexual. Por eso -es de suponer- vino la degeneración del Imperio romano.

Tags: manifestación, más antigua, método, contracepción

Publicado por jm-medina @ 2:19
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